jueves, 6 de agosto de 2009

El perdón como valor jurídico

He decidido leer todo lo que pueda para preparar un artículo sobre el perdón como valor jurídico. Me motiva para esto la reflexión sobre dos casos que hemos visto en España en los últimos meses. El primero se dio en Barcelona en primavera y trata de una mujer iraní muy hermosa que rechazó los avances afectivos de un hombre. Sintiéndose despechado, éste le arrojó ácido en la cara, dejándola desfigurada y ciega. Cataluña la acogió y le dio tratamiento médico hasta el punto de devolverle parcialmente la vista y comprometerse a continuar las cirugías plásticas hasta conseguir reconstruir parte de su belleza. Bajo la Sarriá o ley islámica, esta mujer tiene derecho a elegir el castigo de su victimario, que incluye la indemnización económica, pero optó por el castigo bíblico del ojo por ojo, El sistema judicial iraní acató sus deseos y un familiar de la víctima vertió gotas de ácido en un ojo del victimario, quien obviamente ahora está ciego, como su víctima.

El otro caso se dio en Madrid hace unas semanas. Una mujer marroquí embarazada contrajo la gripe A. Al ser evidente que podría perder la vida, los médicos optaron por hacerle una cesárea para que diera a luz prematuramente y así salvar al bebé. La mujer murió supuestamente por negligencia médica más que discutible. Unos días después, murió también el bebé, por otra negligencia, esta vez plenamente reconocida por la dirección del hospital. En una entrevista, el marido de la mujer y padre del bebé expresó su deseo de justicia y venganza, llegando a narrar detalladamente para los medios la escena del personal sanitario postrados a sus pies, humillados, pidiendo clemencia, y él intentando transmitirle el dolor que sintió al perder a su mujer y a su hijo, para que ellos lo sintieran también y aún más.

Es claro que yo no puedo juzgar de forma alguna a ninguno de estos dos personajes, para empezar porque no he pasado por sus respectivas experiencias, pero sus reacciones sí que se prestan para una reflexión sobre el fin de la justicia. Y desde hace mucho tiempo, éste se entiende que es el castigo, para primordialmente corregir por un lado, y resarcir por otro. En Europa se añade el valor de la reinserción social, del que pasamos muy lejos en EE.UU.

Muchos estudios ahora cuestionan la capacidad reformadora de la justicia y son el aval principal de quienes nos oponemos a la pena de muerte. La posibilidad de perder la vida como castigo por la comisión de un delito parece ser casi irrelevante en la decisión de quien lo comete, y las pruebas abundan en el creciente corredor de la muerte que tenemos en EE.UU, donde además, tenemos el dudoso honor de ser el país con mayor proporción de presidiarios en el mundo industrializado. Pero, ¿es imprescindible la aplicación de esos valores a la justicia? ¿Qué objetivos llegan a alcanzarse? ¿Se revierte siempre el curso del delito (i.e., se devuelve la vista de la mujer ciega, o la vida de los fallecidos)? ¿Se regenera el castigado? ¿Devuelven éstos a la sociedad el coste de la implementación de su procesamiento y castigo? ¿Nos sentimos aliviados de forma alguna sabiendo que un ex presidiario vive en nuestro vecindario? ¿Y si en lugar de castigar, sin más, llegáramos a ver el perdón como un paso necesario del proceso judicial? Porque en realidad, el propio sistema, al no olvidar, tampoco permite perdonar. El delincuente no deja de serlo nunca porque carga el estigma, aún después de cumplir su condena. La sociedad nunca se da por pagada.

Juan Pablo II acudió a la celda en que se encontraba Ali Aqca, quien intentó asesinarle el 13 de mayo de 1981, y públicamente le perdonó. El sistema judicial le mantiene en prisión, de la que saldrá finalmente en enero del año que viene. ¿Vale de algo ese gesto del Papa? Yo creo que sí.

Para mi artículo estoy centrándome también en otros dos personajes, uno histórico y otro literario. El histórico es Tomás de Torquemada, el Inquisidor General de Castilla y confesor de la Reina Isabel, fiscal divino por antonomasia. Detrás de su odio por judíos, moriscos y herejes, se escondía el odio hacia sí mismo por saberse de sangre impura. El literario es el oficial Javert, de Víctor Hugo en Les Miserables, que persigue sin piedad a Jean Valjean, aún después de que éste último le diera muestras de misericordia salvándole la vida. ¿Qué impulsa a personajes como Javert? ¿Cuál es su relación afectiva con sus perseguidos? ¿Amor, al final de cuentas? ¿Por qué son incapaces de perdonar? ¿Sienten que no les han perdonado a ellos? ¿O que ellos no se han perdonado a sí mismos? ¿Son después de todos seres en busca de redención? En Les Mis la redención llega para Javert por las acciones de Valjean.

Empezaré a releer Les Mis el viernes, esta vez en francés, a ver cómo me va. Pero me gustaría contar con sus comentarios y sugerencias.
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martes, 21 de julio de 2009

Un gran paso o un gran fraude: ¿Importa?


Por Hal Rocha

Ayer lunes, 20 de julio, se cumplieron 40 años de la llegada del hombre a la luna. No deja de ser curioso que la prensa de varios países se aprestase a celebrar el aniversario y a revivir la ilusión de quienes contemplaron esos momentos en las pantallas de sus televisores. Y no podría ser de otra manera, con frases tan auspiciosas como lo del pequeño paso de Armstrong y el gran paso para la humanidad. Pero, ¿qué hay de esas aseveraciones según las cuales las imágenes que todos hemos visto se grabaron en un estudio de Hollywood? ¿Carecía en realidad la NASA de la capacidad de llevar y traer una nave tripulada al satélite natural de la tierra? ¿Sería capaz el gobierno de Nixon de inventarse semejante noticia? ¿Podría ser ése el gran fraude del pasado siglo?

He escuchado atentamente los argumentos en pro y en contra del mito éste, que como dice mi amigo Ricardo, va de la mano con muchos otros, como los del Holocausto, el asesinato de JFK, y el 11 de septiembre. Y si no tuviésemos aún frescas en la memoria las imágenes de Colin Powell en el Consejo de Seguridad de la ONU intentando convencer sobre la existencia de armas de destrucción masiva, sería mucho más fácil desestimarlo como eso, un mito urbano como muchos otros.

Más allá de los análisis pictóricos, que parecen ahora refutar las cintas restauradas y las imágenes de una sonda que apunta el sitio exacto donde aterrizó el módulo Águila, publicadas este fin de semana por la NASA, y que una generación más que acostumbrada a las maravillas del Photoshop y otros programas de manipulación digital de imágenes probablemente recibirá con cierto grado de indiferencia, está la pregunta del por qué no se ha repetido la hazaña.

Desde el punto de vista histórico-político, creo que se debe a una serie de factores, que empiezan por Watergate, el gobierno de transición de Ford, la crisis económica de finales de los 70 y principios de los 80, y las prioridades de Carter, Reagan, Bush 41, Clinton, y Bush 43. http://www.nytimes.com/2009/07/19/opinion/19wolfe.html?_r=1 Quizás ahora la administración Obama quiera dar un giro al programa espacial, y se utilice este aniversario para centrar la atención necesaria. Que los soviéticos y sus sucesores no lo hayan intentado también es curioso pero lógico, dada la trayectoria de la URSS.

Y luego están las razones que impulsan este tipo de mitos. ¿Quién gana al perpetuarlos? ¿Quién pierde? Supongo que la respuesta más inmediata es que son aquéllos que se empeñan en acreditar o desacreditar la superioridad tecnológica de EE.UU., y ellos sabrán sus motivos. Y los que no vamos por allí, ¿ganamos o perdemos? Ustedes dirán.

viernes, 10 de julio de 2009

El Mercader en Madrid y las amistades maravillosas


Por Hal Rocha

Es una brillante tarde de verano madrileño, y he quedado con mi buen amigo Rodrigo para ver los lienzos “Visiones de España”, que Joaquín Sorolla pintó para la Hispanic Society de Nueva York, y que cuelgan en las paredes del Museo del Prado hasta septiembre. El sistema de reservas de entradas no permite la adquisición anticipada para el pase de las 19, el último de los domingos. Tras una llamada, decidimos ver El mercader de Venecia, de William Shakespeare, que se representa en el Teatro Infanta Isabel hasta el 9 de agosto, en versión de Rafael Pérez Sierra y bajo la dirección de Denis Rafter. Con reparto inmejorable, sus personajes están extraordinariamente interpretados por la hermosa Natalia Millán como Porcia, Juan Gea como Antonio y Fernando Conde como Shylock.

Se levanta el telón, y la primera escena ya augura las enormes dimensiones de lo que vamos a presenciar. Varios actores enmascarados se adelantan y desde el proscenio nos miran. En un instante hemos pasado a ser actores al otro lado del barroco espejo y ellos audiencia. Hay ecos de Velázquez y Calderón de la Barca; faltaría más, dada la base literaria española de la obra. De pronto estamos todos, actores y audiencia, en el salón de la casa veneciana de Antonio el mercader, anfitrión jocoso y carismático, magnánimo y generoso en el cariño, afecto y alegría de vivir hacia todos los que le rodean.

La obra transcurre y el tiempo vuela. Recuerdo entretanto una ocasión hace años en que vi este drama-comedia en versión inglesa, una soleada tarde de verano y al aire libre en Spring Green, Wisconsin, con la gran American Players Theater. Entonces, como ahora, me emocioné muchísimo con el personaje de Shylock el usurero, víctima atormentada y reprimida que vuelca todo su dolor acumulado y pasa a ser victimario torturador y represor; acreedor primero y deudor después. ¿Es un reflejo justo del odio injusto y gratuito con que Venecia le ha tratado por ser judío? Viejos odios viejos.

Esta vez, sin embargo, me emociona mucho más la profunda amistad que une a Bassanio y Antonio. El primero está enamorado de la bella Porcia, pero no cuenta con los recursos para cortejar como se debe a la joven aristócrata veneciana. El segundo no duda ni un momento en acudir en su ayuda, avalando el préstamo de tres mil ducados con la garantía onerosa y mortal de una libra de carne que el prestamista, Shylock, podrá cortar a su antojo.

El resto de la trama es por todos conocido. Los barcos de Antonio se dicen naufragados y, en ruina financiera, éste no puede hacer frente al pago del crédito. Fernando Conde está a la altura y nos regala un Shylock con toda la intensidad dramática de quien se ve, por una vez, poderoso, y cegado por ese poder se dispone a ejecutar su garantía. Natalia Millán es una jurista travestida excepcional. Pero más allá de ese proceso judicial de infarto, para mí está el inmenso sentimiento que une a Antonio y Bassanio. Es amistad pura y sincera, de la que pocos afortunados en el mundo pueden presumir. Trasciende lo carnal y lo banal, es sublime y elude el verbo. Quien ha tenido una amistad así sabe muy bien de qué hablo.

Yo he tenido la gran fortuna de compartir amistades como la del mercader y su amigo. No hay mayor riqueza que ésa, cuando te sabes capaz de hacer lo que haga falta por quien quieres y te sientes correspondido. Uno de esos amigos está en la audiencia y al percatarme me convierto, como en la primera escena de esta representación, a la vez en Bassanio y en Antonio. Cuán mejor sería el mundo si muchos más pudieran decir lo mismo.


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sábado, 4 de julio de 2009

Cuatro de julio: independencia y libertad


Por Hal Rocha

Hoy es cuatro de julio, día en que los estadounidenses celebramos el aniversario de la firma de un documento por el cual los ciudadanos de las Trece Colonias dejaban de regirse por voluntad de la corona británica. En los 233 años transcurridos desde aquel día, se ha forjado una gran nación que hoy integramos más de 300 millones de seres humanos, y que sigue siendo el eje primordial de referencia, o primera potencia, en el mundo.

Sin embargo, no todos los principios que sustentan el manifiesto de independencia y la Constitución que seguiría después, se observan con prístina claridad hoy día. Aunque hemos iniciado el retiro de nuestras tropas en Irak, adonde llegamos en una misión que después se justificaría -- sin el convencimiento de la mayoría -- como propagadora de las libertades democráticas, no podemos responder a la interrogante acusadora del resto del mundo: ¿cuál ha sido nuestra aportación? Porque si bien nos marchamos cuando ya existe un cierto orden, se han celebrado elecciones, y hay un nuevo gobierno iraquí, cargamos en nuestra conciencia colectiva con los horrores de una guerra que iniciamos fuera de la legalidad internacional, y que nos ha dejado Abú Grahib y centenares de miles de víctimas civiles.

Por otro lado, bajo la administración Obama, hemos también iniciado el proceso de rectificación con respecto a la prisión de Guantánamo. Con la cooperación de varios países de la Unión Europea, entre ellos España, buscamos devolver la legalidad al proceso contra los prisioneros, y abandonar de una vez por todas las prácticas que atentan contra todos los principios reconocidos en defensa de los Derechos Humanos. Hay que recordar que varios ciudadanos estadounidenses permanecieron allí, bajo la etiqueta de "enemigo combatiente", desprovistos de todas las garantías que les corresponden bajo la Constitución y la Carta de Derechos Fundamentales (Bill of Rights). Y luego, que la historia nos recordará la utilización de técnicas como el ahogamiento simulado, las detenciones, secuestros, y traslados a prisiones secretas no sólo en ese rincón del Caribe, sino en otros países del planeta.

Finalmente, debemos también recordar a los cerca de 12 millones de residentes irregulares que aportan con su trabajo al desarrollo económico del país, y que sin embargo viven no sólo en la sombra, sino bajo el acecho de los llamados vigilantes, que toman la ley en sus manos y les persiguen en una cruzada xenófoba y racista, muchas veces a punta de armas de fuego. La administración Obama está cumpliendo con su promesa de procurar una solución a este problema, proponiendo legalizar el estatus de esos inmigrantes e implementar un sistema que permita mejor control de las fronteras. Sin embargo, el proyecto de ley está encajonado por falta de apoyos en el Congreso. La economía, parece, tiene prioridad.

Ojalá que este día sirva no sólo para celebrar éxitos y logros colectivos como país, sino también para reflexionar sobre la historia reciente y los pasos que debemos dar, de aquí en adelante, para volver a gozar del pleno respeto que como gran nación nos han deparado el resto de miembros de la comunidad internacional a través de los años.

Feliz día.

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miércoles, 1 de julio de 2009

Honduras: Cruzada sin vencedores y una clara perdedora

La noticia del inminente regreso del depuesto ex-Presidente Zelaya a Tegucigalpa, arropado por el secretario general de la OEA y mandatarios latinoamericanos, representa un triunfo discursivo populista y demagógico en la diplomacia internacional y marcará hito en la historia política del hemisferio. Si, además, se efectúa la restitución de su gobierno, menospreciando el carácter nacional de un conflicto primordialmente jurídico, aunque con dimensiones y consecuencias políticas, se habrá consumado una cruzada en la que no habrá vencedores pero sí una clara perdedora – la legalidad constitucional y democrática.

No cabe duda que la detención y posterior expulsión del hoy ex-Presidente por un comando militar la madrugada del domingo disparan todas las alertas democráticas. Una lectura superficial y apresurada de estos hechos explica las reacciones de condena en la comunidad internacional. Éstas hablan del “retorno” a la constitucionalidad, al estado de derecho y al imperio de la ley, con la repulsa implícita hacia los militares por supuestamente violentar todo lo anterior, e insisten en definirlo como un golpe militar, análogo al que se dio en Chile en 1973.

Una lectura más profunda y cuidadosa, sin embargo, revela que el depuesto presidente fue quien en primera instancia violentó la Constitución y la legalidad, en impetuoso desafío al criterio de los otros poderes del Estado, a las instituciones y a la sociedad civil hondureña.

Está claro que las formas han prejuiciado gravemente el contenido. Su espectacular detención y vertiginoso traslado a Costa Rica recuerdan con cercanía incómoda al programa Rendition de la Administración Bush y al modus operando de las dictaduras latinoamericanas de antaño, y son insostenibles bajo todo precepto jurídico. Los Derechos Humanos reconocidos garantizan un juicio justo y prohíben la indefensión.

No obstante, el proceso de destitución tiene una trayectoria más amplia y, salvo alguna novedad, parece estar provisto de sólido apoyo jurídico. Al promulgar el Decreto PCM-020, el Sr. Zelaya convirtió la consulta del domingo en referendo constitucional y prevaricó, violentando también los artículos 321 y 322 de la carta magna hondureña. Por recurso del Ministerio Público, el Tribunal de Letras de lo Contencioso Administrativo ordenó a las Fuerzas Armadas requisar el material a utilizarse en la consulta ilegal, según el Artículo 313. La Corte Suprema ratificó esa orden, y los militares actuaron bajo el Artículo 323.

El Congreso consideró la carta de renuncia irrevocable del ex-Presidente con fecha 25 de junio, cuya autenticidad hasta hoy no ha sido desvalorada. Según el Artículo 242, le destituyó e invistió un nuevo Ejecutivo que ha garantizado su permanencia temporal en el poder y la continuidad de los comicios presidenciales de noviembre.

El ex-Presidente violentó el orden constitucional y desacató el dictamen del Poder Judicial y del Tribunal Supremo Electoral, así como las protestas del Poder Legislativo y de la sociedad civil. Las Fuerzas Armadas siguieron órdenes del Poder Judicial para restablecer el orden constitucional y actuaron, así, en defensa y no en contra de la legalidad y de la democracia hondureña. El Poder Legislativo se ajustó a la Constitución y el nuevo Presidente ha llegado al poder por un proceso en toda regla.

Cabe entonces plantearse cuál debe ser el lente paradigmático: Chile en 1973 o Estados Unidos en 2000. Tras conocerse el fallo de la Corte Suprema en el caso Bush v. Gore, 531 U.S. 98, el Ejecutivo de Bill Clinton no dudó un solo momento en acatarlo, pese a su desacuerdo personal y al de su partido. El respeto a la constitución estadounidense primó sobre cualquier diferencia política. Nadie se planteó usurpar el equilibrio constitucional de los Poderes del Estado, como hizo el ex-Presidente hondureño.

Si los sucesos del fin de semana se ajustan a la legalidad constitucional, entonces el “golpe” no es golpe. La cruzada de rechazo por parte de la comunidad internacional, aunque bien intencionada, es una respuesta política que carece de sustento jurídico. Si el Sr. Zelaya vuelve a gobernar, la clara perdedora será, irónicamente, la misma que se la comunidad internacional pretende salvar.

Como diría Unamuno, creerán que han vencido, pero no habrán convencido.


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lunes, 29 de junio de 2009

El golpe que no es golpe, y las condenas que deben dejar de serlo


Por Hal Rocha

La noticia de la detención forzada del hoy ex presidente de Honduras, Mel Zelaya, por un comando militar la madrugada de ayer domingo no deja de ser bastante sobrecogedora. Nos recuerda, como no podría ser de otra manera, los copiosos episodios de golpes de estado que forjaron buena parte de la historia política de América Latina desde las décadas de la independencia a principios del siglo XIX hasta finales del XX. A su detención, o “secuestro” como él lo ha caracterizado, se suma su traslado a una base aérea a las afueras de Tegucigalpa, donde aguardaba un avión militar que posteriormente le deportó a Costa Rica.

Una lectura superficial y apresurada de estos hechos conduce naturalmente a las reacciones de condena por parte de la comunidad internacional, que no se han hecho esperar. Éstas hablan de un retorno a la constitucionalidad, al estado de Derecho y al imperio de la Ley, con repulsa implícita hacia los militares por aparentemente violentar todo lo anterior. Resulta curioso, entonces, que una lectura más profunda y detenida sugiere que es el depuesto presidente quien había violentado la Constitución hondureña, el estado de Derecho y el imperio de la Ley, en impetuoso desafío al criterio de los otros dos poderes del Estado, judicial y legislativo, además de las posturas del órgano supervisor del proceso electoral, y de líderes del sector privado, la iglesia y la sociedad civil.

Para entender un poco mejor lo que ocurrió, habría que separar el proceso al ciudadano Zelaya del proceso al presidente Zelaya como titular del Poder Ejecutivo. Es obvio que el primero es insostenible bajo todo precepto jurídico: los más básicos conceptos de protección de los derechos fundamentales del hombre velan por el derecho a un juicio justo y prohíben procesos sumarios en que el acusado no tiene oportunidad de presentar una defensa ni objetar a una sanción como el destierro. La detención nocturna a manos de las Fuerzas Armadas, y su vertiginosa deportación a otro país centroamericano, nos recuerdan, con una cercanía más que incómoda, las yagas abiertas del programa Rendition de la administración Bush.

El proceso contra el titular del Ejecutivo, sin embargo, tiene una trayectoria más amplia y, salvo alguna novedad, parece estar provista de sólido apoyo jurídico. La semana pasada el Sr. Zelaya promulgaba el Decreto Ejecutivo PCM-020 (“Encuesta de Opinión Pública Convocatoria Asamblea Nacional Constituyente”) por el cual anunciaba que la consulta prevista para ayer, cuyo propósito original era determinar el apoyo popular para que en noviembre los hondureños decidiesen con el voto si convocaban una Asamblea Constituyente, se saltaría el paso previo y sería más bien la propia consulta constitucional. En otras palabras, en lugar de decidir este domingo si se quería votar en noviembre la reforma constitucional, ésta quedaría ya decidida en la consulta de ayer. El aspecto más polémico de la consulta prevista para noviembre es su supuesto propósito de procurar una reforma constitucional que permita al presidente su reelección y perpetuarse en el poder. Si esperaba a noviembre, no podría postularse él.

El Poder Judicial de Honduras se pronunció en contra del salto de este paso, por considerarlo una violación de la Constitución vigente, sin lograr disuadir al ex-Presidente que anulara la consulta. El viernes 26 el Ministerio Público cursó un recurso ante el Tribunal de Letras de lo Contencioso Administrativo argumentando desobediencia del dictamen del Poder Judicial por parte del Ejecutivo. El Tribunal emitió orden a las Fuerzas Armadas para requisar el material a utilizarse en la consulta ilegal, y la Corte Suprema de Honduras ratificó esas acciones.

En el transcurso de la mañana de ayer domingo se conoció una carta con la firma y sello del ex Presidente Zelaya anunciando su renuncia irrevocable a la presidencia de Honduras. La carta tiene fecha 25 de junio, es decir, un día antes del recurso del Ministerio Público, y tres antes de la consulta. Hasta ahora, dicha carta no ha sido desvalorada por el Sr. Zelaya, y sirvió de base para que el Congreso hondureño aceptara su renuncia. A continuación el Congreso votó para investir presidente al Sr. Micheletti, de acuerdo a lo provisto en la Constitución de Honduras. Éste ha garantizado que permanecerá en el poder temporalmente hasta agotar el período inconcluso del Sr. Zelaya, es decir, unos 6 meses, y que los comicios presidenciales programados para noviembre se mantendrán.

La comunidad internacional ha condenado el proceso de separación del Sr. Zelaya y ha pedido su restitución inmediata para asegurar el retorno a la legalidad. Es obviamente una respuesta política a lo que se percibe como un golpe en todo su rigor, pero es una respuesta que carece de sustento jurídico. Las formas, infelizmente, han prejuiciado el contenido y han generado una confusión más que desafortunada, aunque remediable.

Es el Sr. Zelaya quien intentó usurpar poderes que no le corresponden de acuerdo a la normativa hondureña, desobedeciendo dictámenes del Poder Judicial y del Tribunal Supremo Electoral, y despreciando además las protestas en contra por parte del Poder Legislativo, y de líderes de la sociedad civil. Las acciones de las Fuerzas Armadas, bajo la tutela del Poder Judicial, sirvieron, por el contrario, para restablecer el orden constitucional. Es decir, los militares actuaron en defensa, y no en contra, de la legalidad y de la democracia hondureña. El Poder Legislativo siguió también las normas constitucionales y el nuevo Presidente ha llegado al poder no por un golpe de estado sino por un proceso constitucional y según parece en toda regla.

De esta forma, el nuevo Poder Ejecutivo hondureño ya ha cumplido con el llamado de la comunidad internacional a ajustarse a la legalidad. Por tanto, las condenas que han sido comunicadas por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, por los ministros de exteriores de la Unión Europea, y por órganos como el SICA, la OEA y la ONU, tendrán que ser retiradas, por respeto a las decisiones soberanas del gobierno Hondureño que no incumplen ninguna normativa multilateral.

Los comentarios en la Web desde que se conoció la noticia parecían recordar, como precedente paradigmático, el golpe militar que derrocó en 1973 en Chile al gobierno de Salvador Allende. Yo creo que el precedente más apropiado es el fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos en diciembre del año 2000 en el caso Bush v. Gore, 531 U.S. 98 (2000). En ese caso, el Poder Ejecutivo que titulaba el ex-Presidente Clinton no dudó en acatar las órdenes del Poder Judicial. Y aunque mostró su desacuerdo, no dudó ni un sólo momento en cumplir la ley. Nadie se planteó usurpar el equilibrio constitucional de los Poderes del Estado, como sí ocurrió en Honduras este fin de semana.

Si las acciones de ayer domingo siguieron el imperio de la ley, el “golpe” no es golpe, y las consiguientes condenas pronto dejarán de serlo, lo que traerá el reconocimiento internacional del nuevo Ejecutivo.


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viernes, 26 de junio de 2009

Había una vez un niño negro llamado Michael

Esta mañana nos hemos despertado en Madrid con la noticia de la muerte de Michael Jackson, que ocurrió cerca de la media noche, hora estival peninsular, nueve horas antes en Los Ángeles. La noticia ha trascendido con tal brillo que casi eclipsa todo lo demás, ocupando, no sin cierta descortesía inoportuna e impertinente, las primeras imágenes de los telediarios y los primeros sorbos del café matutino. ¿A qué viene tanta conmoción?

Sin duda, el Rey del Pop caló en la conciencia colectiva de distintas formas y a distintos niveles, y la enorme cornucopia de mitos que cultivó a lo largo de sus 50 años de vida provoca reacciones extremas y opuestas, en una complejidad incoherente y desproporcionada. Sumarme, pues, a los ríos de tinta y cyberbites que hoy cruzan el planeta comentando la noticia de su muerte, me parece una indiscreta indulgencia personal, más si la valoramos en relación con las de otros sucesos que ocurren en el mundo. Sin embargo lo hago en diálogo con el gran escritor y periodista canario Juan Cruz, quien en su blog "Mira que te lo tengo dicho", analiza la figura de Jackson como reflejo de la ansiedad de nuestro tiempo.
http://blogs.elpais.com/juan_cruz/2009/06/michael-y-la-ansiedad-de-nuestro-tiempo.html

Es muy difícil entender el personaje fuera del contexto socio-cultural en que existió la persona. Su vida pública, que él se propuso revestir de transparencia impúdica aunque enmascarada en conductas histriónicas, fetichistas, aberradas y puntualmente agorafóbicas, probablemente le despojaba de toda fortaleza interior, convirtiéndole en un ser muy frágil y, por ende, humano. Pero allí está la paradoja: su afán de alcanzar esa humanidad plena y absoluta, tal y como él la concebía, acabó convirtiéndole en el personaje grotesco y extravagante que todos parecemos incapaces de olvidar.

Quería vencer y trascender al tiempo viviendo ya en la madurez como el niño eterno del País de Nunca Jamás; al género, morphing en andrógino bordeando la transexualidad; a la raza, despigmentándose la piel, alisando su pelo y pasando por el quirófano para borrar sus facciones africanas; a la condición humana, oxigenándose para ralentizar su envejecimiento; a sus orígenes, habitando palacetes y comprando excéntricas antigüedades como el esqueleto del hombre-elefante; y por último a la realidad, deambulando por el mundo como un dibujo animado japonés: intemporal, ingenuo e intrépido; asexual, ideal y global; a veces super-héroe, otras super-villano, y casi siempre todo lo contrario.

Su valentía, aunque quijotesca y trágica a más no poder, forma parte de su aportación artística y filantrópica. Procuró, probablemente sin éxito, una autenticidad interior, liberada de las variables externas que le atormentaban obsesivamente. En una sociedad como la estadounidense, que sigue siendo primordialmente moderna y que necesita de íconos y encasillamientos para poder funcionar con eficiencia, él se rebeló todo lo que pudo, pero al final perdió. Ayer entró irredento en la inmortalidad, siendo aún monstruo y sin que parezca, desde fuera, que haya logrado siquiera acercarse a los más preciados de los propósitos humanos que tanto cantó: amar y ser feliz.


Sus fans en Madrid le recordarán esta tarde a las 21 en el Hard Rock Café, cerca de la Plaza de Colón, como varios millones de sus demás seguidores en muchas otras partes del mundo. Yo me quedaré en casa leyendo el periódico y escuchando a los Jackson Five.

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viernes, 22 de mayo de 2009

La consigna de Perseo (ENGLISH version)





The Call of Perseus

By Hal Rocha

[ Note: A Spanish version of this article has been published this morning in La Prensa and is available at: www.laprensa.com.ni/archivo/2009/mayo/22/noticias/opinion/328444.shtml ]

In his opinion piece The Sight of the Medusa, published in his blog (www.sergioramirez.com) and reproduced in several press and literary sites throughout the Web, Nicaraguan writer Sergio Ramirez, with his ever-incisive optics, tells us about an interesting philosophical and generational statement made recently at a writers’ panel held during the Pen Club Literary Festival in New York City. According to Dr. Ramirez, Peruvian writer Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) who, at 33 years of age has already been awarded the Alfaguara Prize for his novel Red April, said that “the eagerness to distance [our]selves from the constant of public history which trapped the forefathers with all of its abnormalities and excesses” is a fundamental difference of the new generations of Latin American writers.

I did not attend the panel in New York City, but I have read two novels by Mr. Roncagliolo and have personally heard him speak at literary fora in Madrid. I fully agree with Dr. Ramirez’s assertion that instead of freeing themselves from public history, the newer generations of Latin American artists and writers continue to work within it. Thus we return to the Hegelian and post-Kantian conception of history and the self, which invite us to rethink the dichotomy of opposites from a radically-different perspective in order to approach full freedom and truth. For Hegel truth is not fixed; it follows history’s own motion. Hence philosophy as well as intellectual, artistic, and literary pursuits must follow those same dynamics and show us how the concepts with which we think, create, and write, are transformed, from that new angle, into history itself.

Therefore, as Dr. Ramirez argues, young Latin American artists and writers are not able to say, for now, that their work has freed itself from public history. They continue to be petrified before its Medusean eyes because they continue to address themes such as enlightened tyrannies, uncouth dictatorships, repression, corruption, and above all, that unlimited power which causes deaths, imprisonments, exiles, and seizures. As Dr. Ramirez states, “Without the presence of power, there would be no Latin American novel.That ferrous clasp of public history seems to be the mere essence of Latin American literary works of yesterday and today. We believe we are freeing ourselves from history, but we are really simply returning to it.

It is thus possible that Mr. Roncagliolo’s statement was not intended to affirm definition-identification-recognition, but might be, instead, a generational challenge, something akin to a call upon his colleagues to search for a new direction, a new literary and artistic identity for Latin America. To achieve that, Mr. Roncagliolo, not unlike Perseus, knows he cannot look directly into the eyes of the Medusa. With the help of Hermes and Athena, this time in the form of new technologies which, among other things, kindle the illusion of overcoming time and geography; materiality and visibility; identity and history; will our Peruvian Perseus have a chance to defeat her, foregoing that lethal stare and preserving his creative freedom forever. As Dr. Ramirez states, the Medusa of public history will continue to petrify us, indeed, until Perseus carries out his call: the Call of Perseus.

For now it seems he is just thinking about it.

Madrid, May 14, 2009


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miércoles, 20 de mayo de 2009

En un principio...



El porqué de este blog

Hal Rocha
Madrid, 20 de mayo de 2009

Este blog ha sido creado con el fin de abordar temas de crítica sobre literatura, música, el arte y el pensamiento, e invitar al intercambio de ideas en esta maravillosa lengua global que es el castellano/español y en todas las lenguas de Iberoamérica. Su nombre deriva de un artículo escrito en respuesta a otro del escritor nicaragüense Sergio Ramírez (Premio Alfaguara), en el que aborda el papel de la historia en la novela latinoamericana a partir de un panel en el que participó el escritor peruano residente en Madrid Santiago Roncagliolo.

Ramírez alude a la figura mítica de Medusa como metáfora de la historia pública para su tesis sobre la nueva generación de escritores latinoamericanos. Éstos, afirma, siguen petrificados ante su mirada, porque siguen escribiendo a partir de esa misma historia pública. Mi respuesta, que se reproduce en la primera entrega de este blog, alude más bien a la figura de Perseo, quien armado de las nuevas tecnologías, puede ser capaz de liberarse de una vez por todas del peso de la historia.

Este blog tiene como objetivo la construcción de un espacio para hilvanar en conjunto ese viaje en busca de una nueva libertad artística y literaria iberoamericana, siguiendo así la consigna de Perseo.

¡Buen viaje!



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Entrega inaugural





La consigna de Perseo

Hal Rocha

Nota: Una versión de este artículo ha sido publicado el 22 de mayo de 2009 en La Prensa y está disponible en www.laprensa.com.ni/archivo/2009/mayo/22/noticias/opinion/328444.shtml

En su artículo de opinión La mirada de la medusa, publicado en su blog (http://www.sergioramirez.com/) y reproducido también en varias páginas de prensa y literatura en la Web, el doctor Sergio Ramírez, con su óptica siempre incisiva, nos relata un curioso postulado filosófico generacional ofrecido en un panel del Festival Literario del Pen Club celebrado en Nueva York. En ese panel, nos cuenta el doctor Ramírez, el joven escritor peruano Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) quien a sus 31 años recibió el Premio Alfaguara de Novela por "Abril rojo", afirmó, que “el afán de apartar(nos) de la constante de la historia pública que atrapó a los abuelos con todas sus anormalidades y desmanes” es una de las diferencias fundamentales de la nueva generación de escritores latinoamericanos.

No estuve en el panel de Nueva York, pero sí he leído dos novelas del Sr. Rocagliolo y le he escuchado personalmente en algunos foros literarios de Madrid. Concuerdo plenamente con el Dr. Ramírez en que más allá de liberarse de la historia pública, las nuevas generaciones de artistas y escritores latinoamericanos siguen lidiando dentro de ella. Volvemos así a la concepción hegeliana y post-kantiana del yo y la historia, que nos incita a repensar la dicotomía de los opuestos desde otra perspectiva, radicalmente distinta a las anteriores, para poder acercarnos a la plena libertad y a la verdad. Para Hegel la verdad no es fija, sino que sigue el movimiento mismo de la historia. La filosofía y el quehacer intelectual, artístico y literario deben por tanto seguir esa dinámica y mostrar cómo los conceptos con los que pensamos, creamos y escribimos se transforman, desde esa nueva óptica, en la historia misma.

Visto desde este ángulo, como argumenta el Dr. Ramírez , los jóvenes artistas y escritores latinoamericanos no pueden, de momento, afirmar que su obra ya se ha liberado de la historia. Siguen petrificados ante su mirada medusiana porque siguen abordando temas como las tiranías ilustradas, dictaduras cerriles, represión, corrupción y sobretodo ese poder extremo que provoca muertes, prisiones, exilios y despojos. Y como escribe el Dr. Ramírez, “sin la presencia del poder no hay novela en América Latina.”
Asirse férreamente, pues, a esa historia pública parece ser la mera esencia del trabajo literario latinoamericano de ayer y de hoy. Creemos que nos liberamos de la historia, pero lo que hacemos es simplemente volver a ella.

Quizás, entonces, la idea que el Sr. Rocagliolo pretendía transmitir no tenía el objetivo de ser definición-identificación-reconocimiento, sino que puede ser un reto generacional, algo así como una llamada a sus compañeros para buscar un nuevo rumbo, una nueva identidad literaria y artística latinoamericana. Para lograrlo el Sr. Roncagliolo, como Perseo, reconoce que no debe mirar directamente los ojos de la Medusa. Con la ayuda de Hermes y Atenea, esta vez materializada en las nuevas tecnologías que, entre otras cosas, permiten la ilusión de dominar tiempo y espacio, materialidad y visibilidad, y por ende también la identidad y la historia, podrá nuestro Perseo peruano mirar el reflejo de la Medusa en el escudo de la pantalla de su ordenador y tener la oportunidad de vencerla, esquivando su letal mirada y salvaguardando así para siempre su libertad creativa. Como muy bien dice el Dr. Ramírez , la Medusa de la historia seguirá petrificando con su mirada, sí, hasta que Perseo lleve a cabo su consigna: la consigna de Perseo.

Por ahora parece que sólo se lo está pensando.



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