sábado, 4 de julio de 2009

Cuatro de julio: independencia y libertad


Por Hal Rocha

Hoy es cuatro de julio, día en que los estadounidenses celebramos el aniversario de la firma de un documento por el cual los ciudadanos de las Trece Colonias dejaban de regirse por voluntad de la corona británica. En los 233 años transcurridos desde aquel día, se ha forjado una gran nación que hoy integramos más de 300 millones de seres humanos, y que sigue siendo el eje primordial de referencia, o primera potencia, en el mundo.

Sin embargo, no todos los principios que sustentan el manifiesto de independencia y la Constitución que seguiría después, se observan con prístina claridad hoy día. Aunque hemos iniciado el retiro de nuestras tropas en Irak, adonde llegamos en una misión que después se justificaría -- sin el convencimiento de la mayoría -- como propagadora de las libertades democráticas, no podemos responder a la interrogante acusadora del resto del mundo: ¿cuál ha sido nuestra aportación? Porque si bien nos marchamos cuando ya existe un cierto orden, se han celebrado elecciones, y hay un nuevo gobierno iraquí, cargamos en nuestra conciencia colectiva con los horrores de una guerra que iniciamos fuera de la legalidad internacional, y que nos ha dejado Abú Grahib y centenares de miles de víctimas civiles.

Por otro lado, bajo la administración Obama, hemos también iniciado el proceso de rectificación con respecto a la prisión de Guantánamo. Con la cooperación de varios países de la Unión Europea, entre ellos España, buscamos devolver la legalidad al proceso contra los prisioneros, y abandonar de una vez por todas las prácticas que atentan contra todos los principios reconocidos en defensa de los Derechos Humanos. Hay que recordar que varios ciudadanos estadounidenses permanecieron allí, bajo la etiqueta de "enemigo combatiente", desprovistos de todas las garantías que les corresponden bajo la Constitución y la Carta de Derechos Fundamentales (Bill of Rights). Y luego, que la historia nos recordará la utilización de técnicas como el ahogamiento simulado, las detenciones, secuestros, y traslados a prisiones secretas no sólo en ese rincón del Caribe, sino en otros países del planeta.

Finalmente, debemos también recordar a los cerca de 12 millones de residentes irregulares que aportan con su trabajo al desarrollo económico del país, y que sin embargo viven no sólo en la sombra, sino bajo el acecho de los llamados vigilantes, que toman la ley en sus manos y les persiguen en una cruzada xenófoba y racista, muchas veces a punta de armas de fuego. La administración Obama está cumpliendo con su promesa de procurar una solución a este problema, proponiendo legalizar el estatus de esos inmigrantes e implementar un sistema que permita mejor control de las fronteras. Sin embargo, el proyecto de ley está encajonado por falta de apoyos en el Congreso. La economía, parece, tiene prioridad.

Ojalá que este día sirva no sólo para celebrar éxitos y logros colectivos como país, sino también para reflexionar sobre la historia reciente y los pasos que debemos dar, de aquí en adelante, para volver a gozar del pleno respeto que como gran nación nos han deparado el resto de miembros de la comunidad internacional a través de los años.

Feliz día.

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